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Los jóvenes latinoamericanos adoran los tatuajes, sus gobiernos no

Agence France-Presse - Noviembre 7, 2004


MONTEVIDEO, Nov 7 (AFP) - Marcarse en la piel un dibujo que los acompañará de por vida o atravesarse el ombligo o la lengua con un arete de metal no es algo que intimide a los jóvenes latinoamericanos, pero a las autoridades esta moda sí les preocupa, y en muchos países aprobaron normas para reglamentarla.

Prueba del interés que despierta este "arte" en el continente fue la Convención Internacional de tatuajes y arte corporal que a mediados de setiembre reunió en Lima a medio centenar de especialistas de Francia, Escocia, Estados Unidos, Argentina, Uruguay, México, Chile, Venezuela y Perú, así como cientos de fanáticos y curiosos.

También la capital uruguaya fue en octubre sede de una Convención Nacional del Tatuaje, con invitados de Argentina y Brasil, en la que además de intercambiar consejos sobre modelos y técnicas se realizó una conferencia sobre un tema que cada vez preocupa más a las autoridades: las condiciones sanitarias en las que practican su actividad.

"En Uruguay hay cientos de tatuadores y nadie los controlaba. Nosotros mismos pedimos a las autoridades una reglamentación", dijo a la AFP Eduardo Sasía, presidente de la Asociación Uruguaya de Artistas Corporales, que organizó la reunión.

"Algunos trabajamos seriamente, con material descartable y esterilizadores, pero en realidad nada nos obligaba a hacerlo", agregó.

Chile, Uruguay y México fueron algunos de los países que en el último año aprobaron normas que prohíben realizar tatuajes o piercings a menores de 18 años, a menos que cuenten con autorización expresa de sus padres.

Pero además, las leyes obligan a los tatuadores a obtener autorización sanitaria, para evitar el riesgo de propagar infecciones como la hepatitis B o el virus de inmunodeficiencia humana, VIH, responsable del Sida.

En México, cada año más de 30.000 jóvenes se tatúan o perforan el cuerpo y más de 150.000 personas se dedican a hacer tatuajes y perforaciones, pero el 85% operaba clandestinamente hasta 2001, sin contar con medidas sanitarias mínimas ni pagar impuestos, según una investigación del Partido de la Revolución Democrática (PRD, izquierda) divulgada hace tres años.

Sin embargo, el tatuador Miguel Cicatriz, propietario de un estudio en Ciudad de México, se mostró escéptico de que la ley aprobada en marzo en su país cumpla su objetivo.

"Salubridad está expidiendo permisos para la gente que trabaja en la calle y creo que eso es injusto, pues esas personas no cumplen las medidas de higiene que nosotros aplicamos", dijo a la AFP.

El experto señaló que hace 20 años, cuando comenzó la moda de los piercings en México, "ponerse un arete en la nariz era una actitud contestataria pero, por ejemplo, actualmente usar un aretito en la nariz es algo bastante femenino".

Pero lo que en algunos países es una cuestión de moda, en otros puede resultar peligroso. En Centroamérica los tatuajes se consideran signos de pertenencia a las "maras" o pandillas de delincuentes juveniles, y por lo tanto pueden ocasionar problemas con las fuerzas del orden.

En Honduras varios jóvenes denunciaron en agosto que fueron detenidos solamente por lucir tatuajes, en el marco de una ofensiva policial dispuesta por el gobierno tras la aprobación de una ley que condena hasta con 12 años de cárcel a los miembros de estas pandillas.

"A mí me bajaron de un bus, venía del trabajo a dejarle un dinero a mi esposa, pero en el operativo me quitaron la camisa y como me vieron el tatuaje me llevaron", relató José Luis Vázquez, un joven de 22 años que fue recluido en la Penitenciaría Nacional de Támara, 22 km al norte de Tegucigalpa, bajo sospecha de integrar una pandilla.

Pero ni leyes, ni detenciones, ni siquiera el riesgo de contraer una infección parecen ser suficientes para disuadir al creciente número de jóvenes decididos a seguir la moda y adornar su cuerpo.

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