SHERMAN OAKS, EEUU, Set 1 (AFP) - La clínica médica AIM en Sherman Oaks, noroeste de Los Angeles, no llama particularmente la atención sino fuera por que su sala de espera ofrece revistas pornográficas, preservativos, lubricantes y está atendida por su fundadora, una voluptuosa ex estrella porno.
Con sus paredes tapizadas con folletos sobre enfermedades de transmisión sexual (ETS), no es extraño que en la Clínica Médica de la Industria para Adultos (AIM, por sus siglas en inglés) se hable de sexo como quien habla del clima.
"Aquí no juzgamos a nadie", dijo Sharon Mitchell, directora de la clínica, fundada a fines de los noventa -cuando se registraron varios casos de VIH en la industria pornográfica- con el fin de proteger a los actores, quienes en su mayoría, mantienen relaciones sexuales ante las cámaras sin preservativo.
"Trabajamos con lo bueno y malo del sexo", afirmó, enfundada con una túnica blanca semi-abierta que deja ver un vestido verde ceñido a su "trabajado y voluptuoso" cuerpo, que la hizo famosa durante sus 20 años de carrera como actriz "para adultos".
Ahora, con un doctorado en sexualidad, su papel en la industria es muy distinto.
"Cada mes examinamos a los actores de clamidia, gonorrea y VIH", narró Mitchell, quien a comienzos de año volvió a ser noticia al sugerir una moratoria en la industria pornográfica luego de detectarse un caso de VIH entre sus actores.
"Brindamos también programas de rehabilitación para adictos a las drogas y apoyo a las personas con baja autoestima o víctimas de abuso, muy comunes en la industria", dijo al encender su computadora en la que una foto sugestiva de ella hace de protector de pantalla.
La "Vida después del porno", con becas para trabajar o estudiar en la Universidad, es uno de los programas que ofrece la clínica.
Además, brinda un servicio de "cartas a la Doctora Mitchell", que varían desde preguntas sobre las bacterias más comunes que "atacan" las zonas genitales, hasta mensajes de un hombre interesado en convencer a su novia para mirar videos porno.
El camino no fue fácil para Sharon Mitchell. Durante sus años como estrella porno debió librar una dura batalla contra su adicción a la heroína.
Cuando parecía que su "pasado oscuro" quedaba atrás, y ya con un certificado de consejera en VIH, un amigo médico le ofreció abrir la clínica, que en poco tiempo se convirtió en una referencia para los actores de la millonaria industria afincada en el valle de San Fernando (noroeste de Los Angeles).
"Yo no estaba muy segura de querer seguir involucrada con la pornografía; pero después me pareció una buena manera de ayudar de la misma forma que me ayudaron a mí", afirmó.
Cada mes, entre 500 y 600 actores pasan por la clínica, que llena su "base de datos" con los resultados de cada paciente y una especie de "genealogía" con la lista de colegas que mantuvieron relaciones sexuales con ellos.
Para Mitchell, este control "voluntario" es esencial, sobre todo en una industria que ofrece un pago extra a los actores que trabajen sin preservativo y produce más de 11.000 películas anuales.
"Aquí todos se sienten cómodos. Esa es la clave de nuestro éxito", afirmó un empleado de la clínica.
Bajo un cartel que reza "la salud para el cuerpo, mente y alma del trabajador sexual", Paula, vestida toda de rosado, aguarda su turno. Mitchell la recibe con un fuerte abrazo.
"Hola, dulzura, ¿cómo estamos hoy? Te ves saludable y bronceada", exclama Mitchell.
"Aquí estamos otra vez. ¡Detesto los pinchazos!", confiesa la joven.
"Nada, nada, bebé. Mira hacia otro lado. Mucho calor hoy, ¿eh?", pregunta. No es extraño que muchos actores de la industria la llamen "Tía Sharon".
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